Los perros y la oruga procesionaria

Los perros y la oruga procesionaria

Los envenenamientos por orugas procesionarias originan una patología que el veterinario debe tratar de forma urgente, en caso contrario las secuelas originadas pueden ser importantes. Para ello, principalmente en el área mediterránea donde los pinares son abundantes, entre primavera y principios de verano debemos de estar alerta para vigilar a los animales, ya que es probable la intoxicación por orugas de procesionaria.
Si existe una intoxicación por procesionaria se observará alguno/s de los siguientes trastornos:

- Hipersalivación (babeo).

- Prurito facial (el perro se rasca la cara).

- Lengua inflamada.

- Vómitos.

- La lengua que, a medida que transcurren los días, puede necrosarse y desprenderse parcialmente.

En los gatos es difícil de observar envenenamientos por procesionarias debido a lo selectivos que son con la comida, y contactan en menor medida con la oruga que los perros.

Hay que tener en cuenta que en España existe un claro predominio de pinares frente a otros géneros de árboles, hecho que favorece el desarrollo de Thaumatopoea pityocampa (procesionaria del pino). La procesionaria del pino es considerada, después de los incendios forestales, como la plaga más destructiva conocida para este árbol, estando catalogada como una especie mediterránea que alcanza toda la península e islas Baleares y se extiende por Europa, Turquía y Norte de África. La presencia masiva siempre va unida a un incremento en la incidencia de personas y animales afectados en el área de influencia.

Para vigilar los posibles envenenamientos en los animales, es importante conocer el ciclo biológico y el poder patógeno de Thaumatopoea pityocampa.

Ciclo biológico

La procesionaria del pino aparece principalmente en regiones soleadas. No obstante, presenta capacidad para adaptarse a condiciones climáticas adversas mediante comportamientos gregarios de reagrupamiento en nidos de seda. Estos nidos actúan como auténticos radiadores solares capaces de transmitir la energía suficiente para satisfacer las necesidades térmicas de las orugas; de esta forma son capaces de soportar temperaturas de hasta -12º C dentro de los nidos (fotografía 1).

El ciclo comienza a finales del verano con la aparición de las mariposas que han permanecido enterradas en el suelo durante el proceso de crisalización. Las hembras son fecundadas durante la noche por los machos y realizan la puesta de huevos sobre una o dos acículas del pino. Los huevos son recubiertos por las propias escamas del abdomen de la mariposa formando una estructura protectora a modo de canuto de 4 a 5 centímetros de longitud de un color ocre. Cada canuto contiene unos 200 huevos. Transcurridas unas 4 semanas como termino medio y en función de la temperatura, emergen de los huevos las orugas que se alimentan de las acículas más próximas. A lo largo de su desarrollo se han descrito 4 mudas; a partir de la segunda adquieren poder urticante y desde la tercera tejen el nido o bolsón de seda, fácil de identificar sobre las ramas de los pinos. El nido está ocupado por un número que oscila entre las 60 y 200 orugas unidas por un hilo de seda y por unas pelotas de color amarillento que se corresponden con los excrementos eliminados por las orugas (fotografía 2).

Durante el día las orugas, en el interior del nido o bolsón, almacenan el calor necesario para resistir las bajas temperaturas nocturnas durante sus desplazamientos alimenticios. Las orugas se desplazan por la noche en formación semicerrada a modo de procesión contactando con sus extremos y unidas por un hilo de seda a través de las ramas de los pinos en busca de las acículas de las que se alimentan. Posteriormente regresan al nido, utilizando como referencia hilos de seda que han ido dejando durante el desplazamiento. Raramente abandonan el pino donde se encuentra situado el nido salvo por necesidades de alimentación.

La procesión final, realmente la que tiene importancia desde el punto de vista clínico, se produce entre los meses de febrero y julio influenciada por la climatología. En zonas más cálidas se adelanta a finales de febrero, y en las más frías se retrasa a principios de julio.

Cuando las orugas completan su fase de desarrollo, aparecen con la piel y cabeza negras, pelos rojizos por el dorso y grises por los costados (fotografía 3). Una vez que la temperatura ambiental sobrepasa los 10 º C, y sobre todo cuando oscila en torno a los 20 ºC, se desencadena el reflejo de enterramiento y las orugas, formando filas más o menos largas, abandonan por la mañana el nido en procesión en busca de un lugar apropiado para enterrarse o situarse bajo la hojarasca para efectuar el proceso de crisalización, mediante la formación de un capullo apergaminado de color pardusco. En este estado las orugas se dirigen de un lado para otro y son fáciles de identificar.

Durante la crisalización podemos observar un aceleramiento o parada de la misma en función de la temperatura, de manera que los ciclos serán más o menos largos.
Poder patógeno

El estado de oruga es uno de los más sensibles a la actuación de los depredadores naturales, de manera que muchas han desarrollado mecanismos de defensa que consisten en el revestimiento de pelos urticantes que liberan histamina o acetilcolina, o proteínas con capacidad histaminógena.

Las orugas de Thaumatopoea pityocampa, a partir de la segunda muda, desarrollan sobre el dorso unos pelos que contienen en su interior una sustancia tóxica denominada taumatopeína. La taumatopeína es una haloproteína con un peso molecular de 28.000 dalton, capaz de originar la liberación de histamina al ponerse en contacto con la piel o las mucosas.

El pelo de estas orugas se considera como una ampolla cerrada que contiene taumatopeína. A su vez, los pelos están provistos de puntas dirigidas hacia el extremo distal de manera que actúan como auténticos arpones clavándose sobre las superficies corporales. Para que la toxina sea liberada, el pelo se tiene que romper. Los pelos urticantes se disponen agrupados en el dorso de las orugas protegidos por repliegues tegumentarios, liberándose cuando son molestadas.

Otro hecho a tener en cuenta es que en el nido se encuentran gran cantidad de exudados larvarios y pelos urticantes. Cuando los nidos, previamente abandonados por las orugas, son manipulados o se rompen, el viento puede desplazar estos pelos y ponerlos en contacto con la piel y mucosas originando reacciones en temporadas en las cuales los animales no han estado en contacto directo con las orugas.
Diagnóstico y tratamiento

En caso de sospecha, acudir rápidamente a su veterinario (fotografías 4 y 5). El tratamiento de los animales afectados se debe instaurar lo antes posible para evitar, en la medida de lo posible, afecciones secundarias importantes. El pronóstico de la enfermedad es distinto dependiendo del grado de afectación y de la precocidad de instauración del tratamiento.
Cómo prevenir la intoxicación

De forma preventiva, durante la temporada de procesiones por parte de las orugas, hay que evitar que los perros se desplacen alrededor de pinos donde se observan nidos de procesionaria en las ramas.

Durante el estado larvario, las orugas son muy sensibles a los insecticidas, principalmente antes de realizar la segunda muda. Las fumigaciones con triclorfon al 5% o piretrinas a finales de verano y principios del otoño son muy efectivas.

También se recomienda en zonas con plagas importantes la utilización de diflubenzuron como antiquitinizante para luchar contra la procesionaria.

Los propietarios pueden a su vez destruir los nidos o bolsones mediante inyecciones directas de petróleo o insecticidas, la poda y quemado de los mismos o la destrucción de los que no son accesibles mediante tiros con escopetas de aire comprimido.



Articulo realizado por L. Bernal, J. Cerón, F. Tecles, M. Bolio supervisado por la Veterinaria María Estada Bordercolliesbs